El Banco Central Europeo (BCE) ha decidido no actuar de inmediato en respuesta a la crisis provocada por el conflicto en Oriente Próximo, a la espera de obtener información suficiente sobre la magnitud y la persistencia de su impacto. No obstante, Christine Lagarde, presidenta de la entidad, ha subrayado que esta indecisión no afectará el compromiso «incondicional» del BCE de alcanzar una inflación del 2% a medio plazo.
En el marco de un ciclo de conferencias en Fráncfort, organizado por el Instituto para la Estabilidad Monetaria y Financiera de la Universidad Goethe, Lagarde destacó que el BCE se encuentra en una posición más sólida en comparación con hace cuatro años, al inicio de la invasión rusa de Ucrania. La institución cuenta ahora con una estrategia diseñada para un mundo de mayor incertidumbre, que incluye la posibilidad de respuestas graduales.
El contexto actual difiere radicalmente del vivido durante la crisis energética de 2021-2022, cuando múltiples mecanismos operaban simultáneamente. Actualmente, hay factores que sugieren un impacto menor, como un efecto menos severo de la crisis actual, un entorno macroeconómico más favorable y políticas económicas menos expansivas.
Lagarde comentó que «partimos de una posición más ventajosa en caso de que sea necesario actuar», aunque advirtió sobre la necesidad de mantener la vigilancia ante posibles cambios. En este sentido, alertó que si la crisis permanece contenida en el ámbito energético, su impacto en la inflación podría ser limitado. Sin embargo, subrayó que si la situación se intensifica o persiste, la transmisión de la inflación podría acelerarse.
La presidenta del BCE reafirmó que la entidad no tomará medidas hasta contar con información adecuada sobre la crisis en Oriente Próximo, su magnitud y su propagación. «La indecisión no nos paralizará: nuestro compromiso de lograr una inflación del 2% a medio plazo es incondicional», concluyó.
El BCE ahora tiene mayor agilidad en su toma de decisiones, operando con un enfoque basado en datos de reunión a reunión, sin comprometerse previamente a una determinada trayectoria de tipos de interés. Este cambio busca evitar limitaciones en un entorno donde las perspectivas pueden cambiar rápidamente, a diferencia de 2022, donde la orientación prospectiva restringió la flexibilidad del banco para actuar.
Lagarde añadió que el enfoque en los riesgos, adoptado en la estrategia de política monetaria del BCE, es clave. Esto incluye el uso de diferentes escenarios para anticipar riesgos relacionados con cambios en el entorno, lo que implica un seguimiento exhaustivo de indicadores que pueden señalar la magnitud y el momento de los efectos indirectos y de segunda ronda.
Para Lagarde, el impacto de la crisis también dependerá de cómo se distribuya la carga del shock entre trabajadores, empresas y gobiernos. Si, como ocurrió en 2022, las empresas incrementan desproporcionadamente sus precios de venta, esto podría provocar una respuesta similar por parte de los trabajadores. Por ello, el BCE estará atento a las expectativas de precios de venta y a los indicadores salariales.
Por último, subrayó la importancia de la respuesta fiscal. La implementación de medidas gubernamentales específicas puede mitigar el impacto reduciendo la demanda de energía y ayudando a los hogares de ingresos bajos. Sin embargo, advirtió que «las medidas amplias y de alcance ilimitado pueden aumentar excesivamente la demanda y reforzar la transmisión de costes».
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