MADRID, 27
El presidente de la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF), Ignacio Barrón, ha señalado que el accidente de Adamuz (Córdoba) del pasado 18 de enero fue un hecho «fortuito y con una carga enorme de mala suerte». Según Barrón, aunque las roturas de carril son frecuentes, la mayoría de ellas ocurren sin consecuencias graves, y en este caso, otro tren pasaba por la vía contigua al mismo tiempo.
Barrón intervino en una nueva comisión de investigación convocada por el Partido Popular en el Senado para determinar los responsables de este accidente y de otro similar ocurrido en Gelida (Barcelona) también en enero. Durante su comparecencia, argumentó que las roturas de carril ocurren «con relativa frecuencia» en todo el mundo, señalando que en la red española se producen casi dos por semana, aunque la gran parte transcurre sin incidentes.
Por ello, calificó la rotura de carril en Adamuz como «atípica», destacando que aún no se ha determinado si su origen estuvo en el propio carril o en la soldadura que une los segmentos de carril, realizada en mayo de 2025 como parte de un proceso de renovación de la línea.
Ante la afirmación del senador del PP, José Ramón Díez, quien sugirió que el accidente no se habría producido de no haberse llevado a cabo esa renovación, Barrón replicó que no hay pruebas suficientes para confirmar esa hipótesis. Además, consideró que la rotura de la vía ocurrió antes del accidente, aunque descartó que una caída de tensión detectada en los sistemas 22 horas antes del siniestro sea un factor decisivo a la hora de establecer que el carril ya estaba dañado.
«La rotura fue probablemente previa al accidente, pero la caída de tensión registrada 22 horas antes no llegó a cero, por lo que no hubo ninguna alerta y no se activó ningún mecanismo de actuación», explicó Barrón, corroborando así la versión de Adif.
CREE QUE ADIF Y RENFE DEBERÍAN SER UNA ÚNICA EMPRESA
En cuanto a la seguridad de la red ferroviaria, Barrón aseguró que es segura y que la probabilidad de accidentes es «estadísticamente baja y en línea con otros países europeos». Sin embargo, admitió un incremento de incidencias en los últimos años, aludiendo a un «problema de gobernanza y de gestión». Se mostró a favor de la idea de que Adif y Renfe deberían haber continuado operando como una única empresa, integrando la infraestructura y la prestación del servicio bajo un mando común.
Además, criticó la «inadmisible» cantidad de obras que, a su juicio, se están llevando a cabo actualmente en la red, y sostuvo que, a pesar de que se ha invertido «mucho dinero» en la red ferroviaria, este ha sido «mal empleado».
Barrón también expresó su preocupación por la decisión de Adif de no hacer públicas las Limitaciones Temporales de Velocidad (LTV), lo que podría deberse a «quizás no haber escuchado lo suficiente a los maquinistas» o a no cumplir con las recomendaciones que la CIAF emite de forma regular en sus informes tras investigar cada accidente.
Por último, enfatizó que el concepto de alta velocidad «se ha banalizado y vulgarizado» desde la apertura de la primera línea en España (Madrid-Sevilla) en 1992, abogando por un enfoque más centrado en el servicio ferroviario.
